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martes, 10 de julio de 2018

Seis de julio, manadas y demás...


Son cuatro, son seis. Bestias negras aborrecibles en el desahucio de la verticalidad. Violentas mazas arrugando el cuerpo, la existencia en cenizas eternas mientras la memoria se incrusta en sus ojos absurdos. La manada , dicen llamarse, jauría de colmillos rasgando, rompiendo la entereza de los sentidos. La pena no me la quita nadie, la angustia sobresalta en el delirio de sueños rajados en la noche oscura. Y , ahora, colgada con los hilos afilados de navajas mirándome, observándome, examinándome en la agónica vida. El sudor vierte lágrimas engendradas de la sangre de mis carnes. Herida de astas apuntalando mis pasos en el hoy carcomidos, invocando el dolor. Y comienza el espectáculo, una manada o muchas manadas ajando, rematando en los toros nerviosos, indecisos, desorientados del por qué. Una manada que demuestra lo que son, cuando el humano es capaz de estas atrocidades, de estas costumbres de antaña…¿estamos en el siglo XXI? En una sociedad dice ser avanzada ¡No¡ las lágrimas rojas juegan entre los mulos de una existencia  fatigada, decaída, lánguida. Y más…y más aplausos, y más bestias negras corrompiendo, destrozando el sabor del respeto, de la nobleza de los espíritus de corazón inteligente. Son cuatro, son seis. Bestias negras moviéndose en el baile demoniaco, tempestuoso del seis de julio.

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